Hay que refundar Balsa

Así de simple. La propuesta es tan sencilla como oportuna. En tiempos en los que se debate sobre inseguridad, altos costos de los terrenos, problemas de tránsito, agua no potable, caminos en mal estado, falta de médicos residentes y otras tantas realidades que afectan a la ciudad de Lincoln y las localidades del Partido, refundar Balsa como pueblo resulta una decisión política estratégica.

Aquello que nunca llegó a ser una urbanización, con sólo algunas casas, comercio y escuela, esencialmente un punto de referencia a partir de la estación de ferrocarril, hoy, a 120 años de la llegada del tren, Balsa es una oportunidad.

Aquí van algunas de las ventajas comparativas que presenta:

Localidad más cercana a la ciudad cabecera, a sólo 15 km.

Segundo pueblo, luego de Bayauca, en tener conexión a la red de gas natural y tren de pasajeros en funcionamiento.

Único con acceso directo desde una ruta nacional, la 188, lo que le garantiza servicios de ómnibus de larga distancia hacia el este y el oeste.

Y vaya paradoja, por no contar con habitantes, hoy es la única localidad, con una escuela (N° 61) y una planta de acopio de cereales, en la que la demanda laboral supera a la oferta.

Desarrollar este proyecto implica una baja inversión y un rápido resultado. El municipio de Lincoln puede concretarlo perfectamente en un par de años y hacer realidad un pueblo, nuevo y bien planificado, en ese punto del mapa que rinde homenaje al Gral. Eudoro J. Balsa. Y si no lo hace el Estado, lo hará la inversión privada y seguramente será un pingüe negocio para unos pocos.

Como ciudad satélite o dormitorio, para quienes trabajan en Lincoln y privilegian la tranquilidad por sobre unos minutos de viaje. Para los que ya no trabajan y quieren disfrutar plenamente de su vejez. Para quienes buscan un lugar con calidad de vida donde afincar su familia y sus propios emprendimientos. Y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo de Balsa, promuevo esta iniciativa.

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