El estado municipal debe ser el promotor del desarrollo urbano

Durante la última década el área urbana de la ciudad de Lincoln se incrementó en más de 80 hectáreas, de las cuales al menos el 80% se debieron a iniciativas privadas. Y no solo que la Municipalidad no ha respondido oportunamente a las demandas sociales de tierras para viviendas, si no que ha estado totalmente ausente en cuanto a la regulación y control de esos desarrollos privados. De esta manera, el gran crecimiento de la ciudad se dio en función de intereses económicos particulares y no respondiendo a un plan estratégico de desarrollo urbano, función que es inherente al estado municipal y competencia exclusiva del Concejo Deliberante. Sólo la visión estratégica, y a largo plazo por supuesto, de un estado inteligente puede establecer prioridades y restricciones al uso del suelo urbano. Crecimiento no es necesariamente sinónimo de desarrollo, muy por el contrario, cuando se da de esta manera irregular es probable que genere nuevos y mayores inconvenientes futuros. Planificar una ciudad es pensarla integralmente en todos sus aspectos y, al menos, para los próximos 50 años. Es evidente que la actual gestión de gobierno resignó su rol de planificación y promoción del desarrollo, para ir como furgón de cola detrás de los negocios particulares. Pero lamentablemente ahí no termina la desidia e ineptitud de estos funcionarios, sino que con sus propias acciones de gobierno contribuyen a agravar aquello que no fueron capaces de prevenir. Para muestra basta con observar las 50 viviendas que el propio gobierno nacional está construyendo sobre la calle Villegas. Allí se pone de manifiesto de forma brutal la ausencia total de criterios de planificación urbana. El mismísimo estado está levantando casas sobre el trazado de la calle Virgilio Tedín. Sí, así de simple, vivir en la calle será una realidad para algunas de las familias que resulten beneficiadas en el respectivo sorteo del PRO.CRE. AR. Y digo esto, porque abrir un paso a nivel, a bajo o sobre nivel o directamente correr el trazado de las vías férreas son opciones absolutamente viables, e incluso necesarias, en un serio proyecto de desarrollo estratégico. Ya hoy ese tramo de vías constituyen un verdadero obstáculo al crecimiento armónico del ejido urbano, imponen un límite artificial que en definitiva atenta contra la integración social, que es el fin que ha de perseguir cualquier diseño de ciudad. Esas 2, 3 0 4 viviendas que hoy se edifican sobre lo que debe ser la reserva para la futura apertura de la calle, perfectamente pueden ser reubicadas en otro predio. Nada justifica semejante malgasto de los dineros públicos, y peor aún, futuros inconvenientes para los moradores de esas casas. Ya que no son capaces de hacerlo, cuanto menos que desafecten esa franja de terreno, para que cuando venga un gobierno coherente, pueda hacer simplemente lo que hay que hacer.

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